No. No puedo. Lo que es más, no quiero. ¿Cobardía?
Realismo. ¿Pesimismo? Sinceridad. ¿Desamor? Ilusión. Y no me mires así, que en
el fondo sabes que tengo toda la razón. Tú puedes repetirte infinitas veces que
no es así, que hay algo más, que existen ese montón de quimeras con base en las
cuales, dices, manejas tu vida. Sí, por mi puedes repetirlo por los siglos de
los siglos. Igual, no te va a servir de nada porque ya traes plantada en el
fondo del alma la duda, y de esa ya no puedes (nadie puede) librarte. ¿Qué se
siente? ¿Qué se siente saber lo que sabes y seguir fingiendo que no lo sabes?
Yo lo sé. Es como pintar un paisaje en un gran muro, sentarte frente a él, contemplarlo,
y fingir que es real (lo que es más, por momentos convencerte de que es
verdad). Pero trata de dar un paso hacia él y te rompes la nariz contra la
pared. Ah, sí, todos nos topamos con pared. Igual, tú trata de rodearla y a ver
a dónde llegas. Me entiendes, ¿verdad? ¡Claro que lo haces! pero jamás me lo
dirás. Y no me lo dirás porque jamás te lo admitirás ni a ti. Yo sé, te molesta
mi franqueza. Por eso volteas la cara. Por eso finges que no escuchas, y cuando
no puedes fingir más, te escondes, y vas a que alguien más te convenza de nuevo
de que el loco soy yo, de que no me debes escuchar porque te voy a destruir. Y
sí, eso es justo lo que puedo hacerte. No creas, si a veces a mí mismo me
molesta ser así. Pero ya hemos llegado a un punto de no retorno y no puedo ser
de otra manera. Es una vocación. Vocación de destrucción. Vocación por la nada.
Anda, ven. ¿Me acompañas? ¿Quieres ir conmigo a donde no hay más allá? ¿Quieres
que te lleve a mirar el vacío de tu propia alma? ¿Quieres sentir el vértigo de
la libertad? Vamos, toma mi mano…
No, no vendrás. ¿Y sabes por qué? No puedes. Lo tuyo no
es miedo. El miedo es consciente. Lo tuyo es autoengaño. Y de ése sí está
difícil salir. Pero tampoco puedes salir de la duda… ¡Exacto, ahí está el drama
miserable de tu (de nuestra) existencia! ¿Que me calle? Si quieres, como
prefieras. Tendrás unos momentos de paz. Pon algo de música para distraerte.
Habla con alguien que te haga reír. Anda, vive una vida normal. Yo aquí te
espero. No tengo prisa de irme, no voy a ninguna parte. Pero no, no puedo ni
quiero acompañarte. No puedo seguirte, no puedo creerte. No quiero ir a ver
como fracasas. Mejor aquí te espero. Aquí voy a estar cuando vuelvas con la
nariz destrozada por otra pared. Y cuando regreses, me platicas que se siente
vivir engañándose a pesar de saberlo todo.
DERT