En filosofía, y naturalmente también en ciencias sociales, ha existido siempre el problema de la sociedad: ¿Qué es lo social? ¿Como es que el hombre se encuentra inserto en eso que llamamos sociedad? ¿Cómo afecta la sociedad al individuo? Ya desde la filosofía antigua se dio, o se intentó dar, respuestas a estas preguntas, y no es tanto mi intención en esta ocasión reflexionar al respecto como resaltar un aspecto importante en el hombre en sociedad.
Este aspecto al que me refiero es el de lo queme ha dado por llamar corresponsabilidad humana. Creo que hablar sobre esta cuestión resultara muy provechoso en este momento histórico, pues nos encontramos, en mi opinión, ante cierta exaltación del individualismo, o más bien dicho, del yoismo, en el que lo importante no es otra cosa que lo que a mi me pase, lo que yo piense, lo que yo viva, lo que yo goce, lo que yo sufra. A veces, esto nos impulsa a vivir como si la sociedad y el mundo existieran en función de nosotros, como si cada quien fuera el eje de su propio universo. Nos hace falta un poco de conciencia del todo, un poco darnos cuenta que en el mundo no todo soy yo y no todo esta referido a mi. Ciertamente, el hombre siempre observará desde su yo el universo, no podría ser de otra forma, pero esto no implica que cada quien se ponga como centro del mundo. Nos falta conciencia, diría yo, de humanidad. Una conciencia del nosotros. ¿Por qué? ¿Que podrían importarme a mi los demás? ¿No basta acaso con que yo viva y sea feliz? Finalmente, lo único que tenemos como humanos es la propia vida y nada más.
Ciertamente es así, pero la vida de cada quien esta intrínsecamente ligada a la vida de los demás. Como lo han hecho notar ya muchos filósofos (Tomás de Aquino, Zubiri, entre otros), el hombre es un ser primaria y constitutivamente social, y todo lo que es social, es humano. No se puede entender al hombre sin los demás, comenzando por que de ello pende su existencia misma, su vida, todo lo que hace, todo lo que aprende, todo lo que disfruta, todo lo que recibe y da, todo lo que vive, todo lo que es. El hombre es, pues, parte de una humanidad, parte de un todo más grande que el, y a la vez ese todo es parte importantísima y primordial de si mismo.
Hablamos aquí de humanidad, no de sociedad, por que aunque la esfera de acción de cada quien es una sociedad determinada, las sociedades son todas parte del todo de la humanidad, que es toda cultura, toda entidad política, toda religión, toda ciencia, en fin, todo lo humano, y todos lo seres humanos. Y son todos los seres humanos en esa estrecha interrelación intrínseca. La humanidad son todos los hombres y cada hombre es la humanidad.
A esto me refiero con conciencia del nosotros, del todo humano. Ya no estoy sólo yo, sino yo y todos los demás que son como yo, con los que coexisto y me relaciono de una forma u otra.
Hay que entender también que cada ser humano es tan "yo" como yo mismo, es decir, que cada quien tiene una conciencia propia, una vida propia, un yo propio que es exactamente igual al mio, que sufre, goza, piensa, crea, actúa, aprende, convive, se ríe, en fin, que vive. Esto es la base de la empatía, comprender que cada quien es un ser humano como lo soy yo, y subrayo, como lo soy yo.
Pues bien, es aquí donde encuentra cabida la idea de corresponsabilidad humana: Teniendo en cuenta esta dimensión de humanidad, en la que cada persona es un "yo" tan importante como el mío mismo, creo que debemos darnos cuenta que el desinterés por los demás, o el interesarse en ellos en función de mi propio beneficio y nada más, creo que resulta más perjudicial que conveniente no solo para los demás, sino también para mi mismo. ¿Por qué? Porque la realidad de los demás es también mi realidad, y pretender que yo soy lo único importante en el mundo es pretender estar sólo en el mundo. Los demás son tan importantes en la propia vida como lo es, por ejemplo, el alimentarse. Esto nos lleva la conciencia de responsabilidad común, de corresponsabilidad humana. El hombre, cada quien, es responsable de si mismo, pero también de todos los demás en tanto que depende de ellos como ellos de él. Y ser responsable de los demás es tener esa empatía de ver a los demás como me veo a mi mismo, en mi realidad íntimamente personal, es comprender que esa realidad personal le pertenece a todo ser humano y que, por lo tanto, no soy el centro, no estoy solo, estoy con otros que son como yo, y que dependen de mí tanto como yo de ellos. Y nos encontramos aquí nuevamente con esa dimensión de humanidad, de ese todo formado por los seres humanos y todo lo que les es propio: yo soy responsable, junto con todos los demás, de la humanidad misma, de todo lo que es el hombre, por que ese todo se hace de individuos, del "yo" de cada quien.
¿Pero como incidir en esta humanidad? ¿Como responsabilizarse de ella? Esto se logra desde la propia sociedad en que cada quien vive. De ahí que en un principio habláramos sobre la sociedad. La humanidad está en el hombre en tanto que el hombre está en una sociedad determinada.
He aquí, pues, algo que en mi opinión puede servir para mejorar nuestra existencia, superando el exagerado yoismo, y comprendiendo que responsabilizándonos todos de todos es como lograremos una vida mejor. No soy yo el centro del universo, soy parte de algo que es más grande, pero que a la vez, en definitiva, soy yo mismo.
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