lunes, 3 de noviembre de 2008

Lux obscurus

Es la peor hora del día. Justo esa en la que está muriendo la tarde, cuando no es aún de noche pero ya terminó el atardecer. El cielo es como gris, las figuras pierden nitidez y se confunden los colores. Es justo esa hora, ni día, ni noche. En la noche, por lo menos se tiene certeza de la obscuridad, y se puede actuar en consecuencia. Pero a la hora en que muere el día y la noche no termina de nacer, a esa hora nada es cierto, nada se sabe. Sientes que vez pero nada se ve claro, se pierde todo contorno, toda forma. Es peor ver así que no ver nada, pues es peor la confusión que la ceguera. La ceguera es inocente, se deja guiar y es guiada, no se angustia a menos que esté sola, entonces no puede hacer nada, pero siempre que exista quien la guíe, quien le muestre el camino, por insipido y sinsentido que sea, puede caminar. En cambio, el que ve sin ver bien, él vive siempre en angustia. No se deja guiar, pues cree que ve por si mismo. El problema es que no sabe bien que es lo que ve, o si de verdad ve. Por ello, está siempre angustiado, y no sabe como actuar o hacia donde caminar. Y a esa hora del día todos somos así. A esa hora del día, la luz no es luz, es como una caricatura de la luz. El día es luz, y en la noche hay luces. Pero a esa hora del día, lo que hay es una grisacea luminosidad, que en realidad permite ver muy poco. Por eso es la peor hora del día.

1 comentario:

rocker/MATC dijo...

Pienso que aún peor que esa hora del día es la hora justo anterior a la que amanece, pues es bien sabido que es la más oscura. A mi apreciación personal, me aterroriza mucho más la oscuridad absoluta, el silencio tan absoluto y envolvente que pareciera que lo ahorca a uno, con un "zumbidito" que ahora uno sabe que no es más que una senoidal con una frecuencia de unos 22kHz. Justo donde se escucha lo más y donde no se oye nada. Justo donde termina el día y empieza la noche.

El Inge