miércoles, 30 de abril de 2008

Mozart sinfónico

Pues siguiendo con grandes obras de grandes músicos, aquí les dejo dos pinceladas del llamado "Genio de Salzburgo", el maestro Wolfgang Amadeus Mozart, quien viene a deleitarnos con una probada de dos de sus sinfonías que a mí me parecen de las mejores. Les presento para su deleite el primer movimiento de la sinfonía No. 35 "Haffner", y el primer movimiento también de la sinfonía No. 41 "Júpiter". Aquí se deja ver claramente que la explosión sinfónica que supone Beethoven estaba precedida directamente por Mozart, aunque no es un mero precursor, por que los estilos son muy diferentes y cada uno tiene un indeleble toque personal. Los dejo entonces con la hipermusicalidad mozartiana en este par de buenas obras. Interpretan la Filarmónica de Viena y el maestro Karl Bhom a la batuta.



viernes, 25 de abril de 2008

Lo fatal

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésta ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos...!

Rubén Darío

miércoles, 23 de abril de 2008

El infinito olvido

Y en aquella infernal cañería, vivirá una sarta de emociones, ilusiones, pasiones y sueños frustrados. Vivirán por siempre estos entes sin sentido ni dirección, igual que los poderosos seres humanos que de nada sirven después de morir...

Rocker/MATC

miércoles, 16 de abril de 2008

Caminantes y filósofos

Fragmento de "Humano, demasiado humano"

Quien ha alcanzado la libertad de la razón, aunque sólo sea en cierta medida, no puede menos que sentirse en la tierra como un caminante, pero un caminante que no se dirige hacia un punto de destino pues no lo hay. Mirará, sin embargo, con ojos bien abiertos todo lo que pase realmente en el mundo; asimismo, no deberá atar a nada en particular el corazón con demasiada fuerza: es preciso que tenga también algo del vagabundo al que agrada cambiar de paisaje. Sin duda ese hombre pasará malas noches, en las que, cansado como estará, hallará cerrada la puerta de la ciudad que había de darle cobijo; tal vez incluso como en oriente, el desierto llegue hasta esa puerta, los animales de presa dejen oír sus aullidos tan pronto lejos como cerca, se levante un fuerte viento, y unos ladrones le roben sus acémilas. Quizá entonces la terrible noche será para él otro desierto cayendo en el desierto y su corazón se sentirá cansado de viajar. Y cuando se eleve el sol de la mañana, ardiente como un airado dios, y se abra la ciudad, puede que vea en los ojos de sus habitantes más desierto, más suciedad, mas bellaquería y más inseguridad aún que ante su puerta, por lo que el día será para él casi peor que la noche. Es posible que a veces sea así la suerte de este caminante. Pero pronto llegan, en compensación, las deliciosas mañanas de otras comarcas y de otras jornadas, en las que desde los primeros resplandores del alba, ve pasar entre la niebla de la montaña a los coros de las musas que le rozan al danzar; más tarde sereno, en el equilibrio del alma de la mañana antes del mediodía y mientras se pasee bajo los árboles, verá caer a sus pies desde sus copas y desde los verdes escondrijos de sus ramas una lluvia de cosas buenas y claras, como regalo de todos los espíritus libres que frecuentan el monte, el bosque y la soledad, y que son como él, con su forma de ser unas veces gozosa y otra meditabunda, caminantes y filósofos. Nacidos de los misterios de la mañana temprana, piensan qué es lo que puede dar al día, entre la décima y la duodécima campanadas del reloj, una faz tan pura, tan llena de luz y de claridad serena y transfiguradora: buscan la filosofía de la mañana.

Friedrich Nietzsche

He aquí una pequeña metáfora de la vida de un filósofo. Para su deleite y reflexión.

DERT

jueves, 10 de abril de 2008

Monocromo

Me desperté con la extraña sensación de que no estoy ni vivo ni muerto. Es como una especie de limbo extraño y lleno de sopor... Se respira un aire enrarecido. Siento que algo me faltara, pero reviso a mi alrededor y veo que todo está como debe estar. No he olvidado nada. Quizás tan sólo a mi mismo, ¿Pero eso que importa? No importo yo, lo que yo pueda hacer, importan las cosas con las que vivo. Esas son las que no debo olvidar.
Al caminar, todo a mi alrededor pasa tan gris e indiferente como el concreto de la banqueta bajo mis pies... Parece que no soy el único semi-muerto aquí. Un edificio, un perro callejero, una anciana que pide limosna, un hombre que camina aprisa... a todo le falta vida, y al mismo tiempo, se encuentra lleno de energía. Pero una energía monótona, mecánica, sin explosividad. Me siento como en un gran reloj de oxidados engranes, donde yo soy un engrane más moviendose al compás de un eterno ritmo inalterable.
Una serie de imagenes de colores vivos me ofrecen felicidad de infinidad de maneras estúpidas. En el fondo son tan grises como lo demás. La felicidad debe ser algo más. O eso creía. Quizás a pesar de todo tengan razón.
Sigo sintiendome algo muerto. Pero debería olvidarme de eso. Lo que importa realmente no es como me sienta, sino que haga lo que tengo que hacer, aunque no sepa por que lo tengo que hacer. De cualquier forma, ¿Que otra cosa me queda?
De la vida viva sólo me quedan recuerdos, recuerdos de un yo en algún lugar lejano, en algún tiempo ido. Hoy sólo me queda esta vida muerta, y la verdad es que no puedo quejarme. En cierto modo, nunca busqué nada más. Finalmente, sé que todo seguira siendo gris y eso por lo menos me da certeza de las cosas. Sí, ciertamente no podría quejarme. Podría ansiar color en las cosas, pero el color no suele durar. Mejor así.
Algún día dejaré de estar medio vivo y estaré completamente muerto. Hasta ese momento, me sentaré a observar esta escala de grises y a respirar esta atmosfera enrarecida. Viviré tratando de recordar el momento en el que me olvidé de mi mismo, pero es poco probable que lo encuentre. Sólo me queda esperar. Esperar y ya.

DERT

sábado, 5 de abril de 2008

La Fantasía

Una más de Beethoven, para continuar con su fabulosa música. Esta peculiar y única obra se las presento con la BPO, pero en esta ocasión se encuentra a la batuta (y también al piano, sí) el maestro Daniel Barenboim, director de orquesta y pianista argentino, de fama y calidad mundiales, otro digno hijo de America latina. Les presento la espectacular Fantasía para piano, coro y orquesta en Do menor, de el inmortal Ludwig van Beethoven.