Mi reino no es de este mundo. Yo vengo de allá, de donde la verdad es un fantasma que juega a engañar a los ingenuos. En mi patria hace tiempo que se vive sin Dios, pues Él nos ha abandonado. De donde yo vengo, estamos acostumbrados a caer, levantarse y caer de nuevo, hasta que de tantas caídas nos desmoronamos en motas de polvo y nos hacemos uno con el viento que nos mueve a su antojo. No tenemos más seguridad que esa, el viento, el aliento de nuestra vida y nuestra existencia. Vengo del mundo de las sombras perpetuas. Vengo del mundo en el cual lo más real que hay son los vagos reflejos de nuestros rostros en los ojos del otro. En mi mundo nada es eterno, nada es real, nada es verdadero, nada es nada.
No esperes, pues, de mí más que una mirada profunda y una sola certeza: La de que jamás sabrás quien soy. No esperes de mí una roca sino la arena que se te escurre entre los dedos. No esperes de mí una mano firme a la cual sujetarte, sino el ala de un ave dispuesta a volar y llevarte consigo. No esperes de mí una brújula, sino el caprichoso viento que impulsa las velas del navío. No esperes de mí la moderada y prudente razón, sino la razón más extrema que se encuentra a un paso de ser locura. No esperes el Sol, sino el abismo infinito donde habitan las estrellas. No esperes la luz diáfana del mediodía sino los claroscuros del crepúsculo. No esperes la seguridad, espera la vida.
Porque yo no tengo donde reclinar la cabeza ni donde descansar mis sueños. Porque no te puedo llevar más que por caminos que no han sido andados hacia lugares donde nadie ha estado. Porque mi alma es errante y mis pies siempre están descalzos. Porque en mi reino no se pone el Sol, pues jamás ha salido.
Yo vivo siempre cerca del abismo, miro dentro de él y en él me reflejo. Yo empujo los sueños y los ideales (propios y ajenos) por el despeñadero. Yo me río del bien y del mal, y lloro por que no los tengo. Yo vivo en las orillas del alma, en la periferia de la sabiduría. Yo vivo ahí donde muere el sentido. Yo vivo ahí donde la verdad se suicida desesperada, donde la vida y la muerte se vuelven la misma cosa y se disuelven juntas en la nada. Yo vivo en la oscura noche de los espíritus iluminados. Yo vivo en el límite del alma. Yo vivo al filo de la razón, y sólo por ese camino puedo llevarte.
DERT