jueves, 27 de noviembre de 2008

El espectador

(Fragmento)

La verdad, lo real, el universo, la vida - como queráis llamarlo - se quiebra en facetas innumerables, en vertientes sin cuento, cada una de las cuales da hacia un individuo. Si éste ha sabido ser fiel a su punto de vista, si ha resistido a la eterna seducción de cambiar su retina por otra imaginaria, lo que ve será un aspecto real del mundo. Y viceversa: cada hombre tiene una misión de verdad. Donde está mi pupila no está otra; lo que de la realidad ve mi pupila no lo ve otra. Somos insustituibles, somos necesarios. Dentro de la humanidad cada raza, dentro de cada raza cada individuo es un órgano de percepción distinto de todos los demás y como un tentáculo que llega a trozos de universo para los otros inasequibles. La realidad, pues, se ofrece en perspectivas individuales. Lo que para uno está en último plano, se halla para otro en primer término. El paisaje ordena sus tamaños y sus distancias de acuerdo con nuestra retina, y nuestro corazón reparte los acentos. La perspectiva visual y la intelectual se complican con la perspectiva de la valoración.

José Ortega y Gasset

Si la verdad es relativa o no, aún no lo se de cierto. Pero lo que es innegable es que, como dice un sabio dicho, "cada cabeza es un mundo". Quede para la reflexión.

DERT

jueves, 13 de noviembre de 2008

El Huapango

Volvemos con algo de música clásica mexicana. Esta vez es el famosísimo "Huapango" del maestro José Pablo Moncayo, compositor tapatío. Así que aquí tenemos esta hermosa pieza de música que refleja como ninguna otra los ritmos de México. Interpretan la Simón Bolivar de Venezuela, al mando del fenómeno juvenil de la música clásica, Gustavo Dudamel. Fue un concierto llevado a cabo en Inglaterra, en los Proms de la BBC en el 2007. Da gusto que nuestra música traspase fronteras. Disfrutenlo.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Lux obscurus

Es la peor hora del día. Justo esa en la que está muriendo la tarde, cuando no es aún de noche pero ya terminó el atardecer. El cielo es como gris, las figuras pierden nitidez y se confunden los colores. Es justo esa hora, ni día, ni noche. En la noche, por lo menos se tiene certeza de la obscuridad, y se puede actuar en consecuencia. Pero a la hora en que muere el día y la noche no termina de nacer, a esa hora nada es cierto, nada se sabe. Sientes que vez pero nada se ve claro, se pierde todo contorno, toda forma. Es peor ver así que no ver nada, pues es peor la confusión que la ceguera. La ceguera es inocente, se deja guiar y es guiada, no se angustia a menos que esté sola, entonces no puede hacer nada, pero siempre que exista quien la guíe, quien le muestre el camino, por insipido y sinsentido que sea, puede caminar. En cambio, el que ve sin ver bien, él vive siempre en angustia. No se deja guiar, pues cree que ve por si mismo. El problema es que no sabe bien que es lo que ve, o si de verdad ve. Por ello, está siempre angustiado, y no sabe como actuar o hacia donde caminar. Y a esa hora del día todos somos así. A esa hora del día, la luz no es luz, es como una caricatura de la luz. El día es luz, y en la noche hay luces. Pero a esa hora del día, lo que hay es una grisacea luminosidad, que en realidad permite ver muy poco. Por eso es la peor hora del día.