lunes, 22 de febrero de 2010

Catarsis

Me siento a escribir. Y yo que creía que mi pluma ya se había secado. Pero no, siempre se rellena el tintero, siempre surgen nuevos motivos, siempre hay motivos para hablar, decir, cantar. Y es que los sentimientos no se van. Vaciar mi corazón (o el tuyo) es cosa imposible. Siempre hay algo con la fuerza suficiente para revolverme el alma lo bastante como para que venga y me siente, y tenga una catarsis con un poco de tinta y papel.
Y no es necesario escribir en verso, no es necesario hacer metáforas, y cantar en rimas o en simbólicas palabras. Basta hablar con la pluma, basta venir y simplemente dejar que la mano escriba por sí sola. Quizá no baste como para escribir una obra maestra, pero sí por lo menos para que el corazón pueda hablar un rato consigo mismo. ¡Qué poco importante es lo que se diga! ¡Qué vacías son las palabras, miserables líneas en papel, o sonidos articulados de nuestras gargantas! Lo que importa no es lo que se diga, lo que importa es lo que se siente. Pero lo que se siente no se puede escribir, así que se escribe cualquier cosa para por lo menos sacar eso que sentimos, para hacernos saber que sentimos algo.
Por eso no importa escribir poco, o mucho, o nada. Escribir es hablar pausado, y dejarlo ahí para poder volver un día y recordar, o para que otros vengan y lean, y se den cuenta de que sentíamos algo aunque ellos jamás entiendan qué queríamos decir, porque creo que ni siquiera nosotros mismos sabemos bien qué queremos decir cuando escribimos.
Cuando escribimos, la motivación (lo que nos hace escribir) es profunda y el resultado, un simple esbozo de aquello que nos movió. Quizás los poetas y los buenos escritores son aquellos que se acercan un poco más a expresar cabalmente sus motivos. ¿Pero qué hago yo hablando de poetas? ¿No tengo yo un motivo más profundo para estas líneas?
Lo tengo. Y por eso escribo. Pero me parece imposible tarea tratar de expresar el motivo, así que prefiero hablar de lo imposible que es expresarlo, para así hablar un poco, escuchar lo que tengo adentro, y que el corazón no se ahogue consigo mismo. ¿El motivo? Poco importa.

DERT