miércoles, 7 de enero de 2009

La conquista de la felicidad (fragmento)

El que ha conseguido liberarse de la tiranía de las preocupaciones descubre que la vida es mucho más alegre que cuando estaba perpetuamente irritado. Las idiosincrasias personales de sus conocidos, que antes le sacaban de quicio, ahora parecen simplemente graciosas. Si fulano está contando por trescientas cuarenta y siete vez la anécdota del obispo de la Tierra del Fuego, se divertirá tomando nota de la cifra y no intentará en vano acallarle con una anécdota propia. Si se le rompe el cordón del zapato justo cuando tiene que correr para tomar el tren de la mañana, pensará, después de soltar los tacos pertinentes, que el incidente en cuestión no tiene demasiada importancia en la historia del cosmos. Si un vecino pesado le interrumpe cuando está a punto de proponerle matrimonio a una chica, pensará que a toda la humanidad le han ocurrido desastres semejantes, exceptuando a Adán, e incluso él tuvo sus problemas. No hay límites a lo que se puede hacer para consolarse de los pequeños contratiempos mediante extrañas analogías y curiosos paralelismos. Yo creo que toda persona civilizada, hombre o mujer, tiene una imagen de sí misma y se molesta cuando ocurre algo que parece estropear esa imagen. El mejor remedio consiste en no tener una sola imagen, sino toda una galería, y seleccionar la más adecuada para el incidente en cuestión. Si algunos de los retratos son un poco ridículos, tanto mejor; no es prudente verse todo el tiempo como un héroe de tragedia clásica. Tampoco recomiendo que uno se vea siempre a sí mismo como un payaso de comedia, porque los que hacen esto resultan aún más irritantes; se necesita un poco de tacto para elegir un papel adecuado a la situación. Por supuesto, si uno es capaz de olvidarse de sí mismo y no representar ningún papel, me parece admirable. Pero si estamos acostumbrados a representar papeles, más vale hacerse un repertorio para así evitar la monotonía.

Bertrand Russell

4 comentarios:

rocker/MATC dijo...

Diría el señor Russell que a todos nos gustaría que la vida fuera una línea recta, pero esa idea cae por su propio peso. Como el sonido de una guitarra en un espectrómetro, más o menos a eso se parece. O si no, se parece a las carreteras de Chiapas, a cuyas curvas les pelan los dientes las del Hooters. O sea que es curvoso el asunto, pues. Me gusta el estilo medio humorístico de este cuate. Un saludo

El Inge

MoÖnîë* dijo...

pueees.... yo opino que Russell sta muii wapo!! jajaja

MoÖnîë* dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
MoÖnîë* dijo...

ahhh y agrego, hermanito: kitate lo ingenieril miguelescooo y haz analogías que impliquen más neuronas y menos hormonas no?... jajaja ntc... tenía k ajerar y no había leido tu comment (pero de neta, usa más el cerebriin k nos karakteriza! :P)